¿Cómo iluminar las calles ahorrando energía?

Una parte esencial del perfil urbanístico de toda ciudad es el alumbrado público. Esto no ha cambiado ni cambiará, sin embargo, los problemas energéticos a nivel mundial nos exigen volver a pensar cómo iluminamos nuestras calles y a qué costo; es decir, de qué manera podemos reducir el derroche energético en la prestación de este importante servicio público.

En este contexto, en los últimos años se han ensayado diferentes iniciativas que buscan maximizar los recursos energéticos en el alumbrado público. El primer paso es el aprovechamiento y la mejora de lo que ya se hizo en el pasado, por ejemplo, en la redistribución de las luminarias, lo cual reduce notablemente el derroche, y por último la modernización de los materiales reflectivos propiamente dichos, siendo la iluminación led la opción más rentable a corto, mediano y largo plazo, no solo por su comprobada durabilidad sino por su eficiencia en la relación costo-beneficio. En esta web Electrofer (https://www.electrofer.com.ar/) puede encontrar mas información.

Una correcta iluminación urbana no solo tiene que ver con la prevención del crimen, por ejemplo, sino con una buena valorización del espacio público y arquitectónico de nuestra ciudad, así como una reducción de accidentes viales producto de una mala iluminación. En este sentido, todo gobierno debe plantearse seriamente cómo y de qué forma realizará las inversiones necesarias dentro de un plan estratégico integral, que luego pueda ser continuado por otra administración llegado el caso.

La vida en la ciudad no se detiene durante la noche. Hasta podemos decir que continúa casi inalterable para muchas personas, siendo su ámbito de trabajo, por ejemplo. Es por esta razón que el tema del alumbrado público resulta esencial para la mejorar la calidad de vida de todos, si es que realmente queremos vivir en una ciudad desarrollada.

ledcalles

Ahora bien, todo desarrollo tiene un costo, y debemos plantearnos cómo enfrentar esa demanda, no ya pensando únicamente en el precio, sino en brindar una respuesta óptima, de buena calidad y un diseño acorde a la belleza estructural de la ciudad.

Lo mismo podríamos decir de la administración de cualquier casa o edificio de departamentos. Solo si tenemos presente estos parámetros de eficacia, sustentabilidad y diseño, podemos estimar una inversión adecuada para cualquier tipo de alumbrado. El problema, en todo caso, tiene que ver con el tiempo que nos toma como ciudadanos y consumidores de entender los beneficios de un producto nuevo, y la tendencia habitual que ejercemos sobre aquellas cosas que han sido productivas en el pasado. Afortunadamente, al menos en el terreno de la iluminación, estas ideas progresivamente van cayendo en desuso.

Como decíamos anteriormente, la lamparas led (ver mas) ha traído una especie de revolución en el campo energético. Este tipo de lámparas superan por decenas de miles de horas la vida útil de las viejas lámparas incandescentes, así como una reducción notable del consumo energético que las sustenta. Otro beneficio claro a corto y largo plazo es que no generan temperatura y su rango de contaminación es tan bajo que casi podría decirse que no tiene impacto real.

Son muchas las ciudades que lentamente han comenzado a utilizar lámparas led dentro de su red de alumbrado público. Sin dudas, esto es un claro beneficio en todos los frentes imaginables: menos costos, mayor productividad y un impacto nulo en el medioambiente. Recordemos que la contaminación lumínica es un aspecto importante del urbanismo, a menudo dejado de lado pero que tiene una fuerte influencia en la calidad de vida del vecino.

Algo similar está ocurriendo en el interior de todas las casas de nuestra ciudad. La iuminación led ha llegado para quedarse, al menos hasta la próxima revolución energética.

En resumen: el alumbrado público, pero también el privado, se rigen por los mismos principios. Deben ser confiables y permanecer vigentes durante el mayor tiempo posible; en el caso del alumbrado público, para resistir los cambios en la administración política; y en el terreno de lo privado, a nuestra tendencia natural a pensar que el ahorro solo se obtiene en el costo de inversión objetiva, es decir, en cuánto dinero nos cuesta tal o cuál tipo lámpara. Solo pensando en un proyecto a largo plazo, observando un plan estratégico integral, podemos empezar a satisfacer nuestras necesidades energéticas de una forma sana y sustentable tanto para la comunidad como para nuestro hogar.